dijous, 20 de setembre de 2012

Júpiter


Este universo que huye de sí mismo,
cuyas masas se alejan lentamente,
que se expande en un inexistente espacio,
es sólo un electrón.

Toda la infinidad que nos recubre,
el orden con que todo se comporta,
no es más que el virtuosismo de una miniatura.

El infinito es más, el infinito
es más que el átomo en torno al cual giramos.
Es otro universo del que somos
menos que lo pequeño, 
menos que la unidad indivisible.

Y Júpiter, gigante, 
cortejado de lunas,
parece no saberlo.

Entre sus bailarinas está Europa,
hermosa y fría amante de la noche
que deja escapar entre sus grietas
un volcán blanco de hielo a cuatro grados,
hielo en ebullición, lava de hielo,
hermosa cola de novia para el padre de todo,
para el gigante, el grande, el señor poderoso.

¡Qué falacia su orgullo en tanta pequeñez!
¡Qué vanidad la suya tan sin fundamento!
¡Que mentira las nanas que le cantan sus lunas!

El universo todo es sólo un electrón
y Júpiter inmenso parece no saberlo.